Tiempos Líquidos es una microintervención de un antiguo local para albergar un espacio nacido de la pasión por el vino y de las ganas de volver a casa de sus dueños, tras años fuera de la ciudad de Burgos. El wineroom fusiona la tradición vinícola con un toque canalla. Este bar sin barra, donde los sumilleres están en continuo movimiento, es todo lo que un bar tradicional no puede ser; doméstico y cercano, pero a la vez clandestino y atrevido.
Entre las intrincadas calles del centro histórico de Burgos, el local busca, a través de la elegancia, la pausa y la tranquilidad, que los usuarios disfruten de los caldos de origen mundial que allí se sirven. Espacialmente el local está dominado por la cortina de terciopelo antracita, cuyos juegos de luces y sombras, junto con su tacto delicado, acompaña al usuario como telón de fondo. La luz focalizada ensalza estos juegos de claroscuros, al mismo tiempo que solemniza los brillos y colores de los vinos de ribera.
Materialmente se apuesta por los tonos pétreos de los muros medianeros característicos de las construcciones de la zona, su fachada de sillería y un suelo cerámico en la misma paleta cromática. El resto del local busca, a través del acero negro natural, el mobiliario oscuro, y la luz tenue ahondar en la idea de un espacio íntimo, acogedor y casi hogareño. Un interior dominado por esa atmósfera hasta que se cruza la cortina acústica de terciopelo gris donde la zona canalla vibra en tonos rojos gracias al neón que preside el pequeño espacio con el eslogan del negocio.