Implantado en el acceso principal a la ciudad de Burgos, este edificio se levanta como un testigo moderno de la segunda mitad del siglo XX, concebido para acoger a quienes abandonaban el mundo rural en busca de nuevas oportunidades en la ciudad. Su esqueleto, de hormigón armado, conserva la fuerza de las vigas y pilares de la época, una estructura contenida en altura y marcada por la huella de sus vigas de canto, que aún atraviesan con firmeza el espacio.
El proyecto se concibe en diálogo íntimo con estas preexistencias, no para ocultarlas, sino para revelarlas. Cada cicatriz del edificio se asume como memoria, cada trazo como testimonio del paso del tiempo. La intervención no borra, sino que subraya, añadiendo nuevas capas de lectura que enriquecen su identidad.
El espacio, limitado pero cargado de resonancias, se organiza en cuatro ámbitos diferenciados. Muebles en gris profundo contrastan con paneles de roble cálido, integrando en su interior los dispositivos técnicos de la medianera. Estos elementos de baja altura se alinean con las vigas de hormigón, respetando su ritmo y modulando el espacio con precisión casi artesanal.
La materialidad culmina en un juego de equilibrios: la sobriedad del gris frente a la intimidad de la madera, la geometría contenida frente a la atmósfera doméstica. El resultado es un lugar donde pasado y presente se encuentran, donde la estructura se convierte en relato y la intervención en poesía habitable.